Preparación diaria
Por un momento breve, me sumerjo en esa agua invisible que me hace ser liviana, que me proteje del exterior. Es una cobertura que me reconforta, que me abraza con su densa textura inexistente. Es el comienzo, el arranque, lo que va a empujar el destino de mi cabeza confundida. Tengo un espacio para mí en el que mi cerebro va revelando lo que haré en el día, y aunque parezca planeado fluye como una improvisación, adaptándose a su entorno. Voy a empezar, voy a decidir de todas las ideas que creé cuál voy a usar, cuál me va a liderar. Estoy lista también para el odioso cambio que puede venir, me preparo para seguirle la rima y la velocidad en la que me ponga a sacar planes alternativos al inicio seguro que tuve. Pero después de que haga lo planeado o que elija mi variante, me voy a cuestionar si empecé con lo suficiente para lograr vivir bien este día. En ese momento, el agua que me rodeaba va a desbordarse, porque mi burbuja va a estar rota, y yo también.