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Mostrando entradas de julio, 2024

Preparación diaria

Por un momento breve, me sumerjo en esa agua invisible que me hace ser liviana, que me proteje del exterior. Es una cobertura que me reconforta, que me abraza con su densa textura inexistente. Es el comienzo, el arranque, lo que va a empujar el destino de mi cabeza confundida. Tengo un espacio para mí en el que mi cerebro va revelando lo que haré en el día, y aunque parezca planeado fluye como una improvisación, adaptándose a su entorno.  Voy a empezar, voy a decidir de todas las ideas que creé cuál voy a usar, cuál me va a liderar. Estoy lista también para el odioso cambio que puede venir, me preparo para seguirle la rima y la velocidad en la que me ponga a sacar planes alternativos al inicio seguro que tuve. Pero después de que haga lo planeado o que elija mi variante, me voy a cuestionar si empecé con lo suficiente para lograr vivir bien este día. En ese momento, el agua que me rodeaba va a desbordarse, porque mi burbuja va a estar rota, y yo también. 

Mientras llegan los finales

La soledad y el vacío no siempre son compañeros. Puedes tenerla y estar con tu cuarto lleno de fantasmas. También puedes tenerla mientras estás rodeado de masas humanas. La soledad es simplemente ese estado de ficción, porque pocas veces, contadas con las manos, estás sólo.  A veces puede pesar esa soledad porque aunque debería traerte libertad, viene con un montón de invitados del pasado. Esa ancla en el tiempo donde eran compañías firmes, donde eran presencias demasiado potentes como para dejar una estela que solo deja un meteorito. Estuvo inmenso, centelleante, y dejo esa marca tan densa, esa ceniza tan agobiante. Pero todo culmina, solo que no sabemos exactamente cuando. Unas veces esas visitas invisibles se extinguen, otras veces viven durmiendo contigo en la sala. Lo cierto es, que cuando ya no haya ningun aliento, ese día todo termina. Ese día la soledad se perfecciona.

Movimiento uniformemente variado

En algún momento quiero dejar de sobrereaccionar. Tomar un descanso de toda la carga mental, física, emocional... y hasta espiritual. Quiero sentarme, mover la cabeza de abajo a arriba suave, dar giros con el cuello, y no sentir que se rompe mientras eso sucede. Un día alguien me explicó que hay una condición que hace que aunque tu cuerpo quiere quedarse quieto, estable, tu cabeza tiene otro plan, y esta a mil desbordada pensando en cómo vas a detener a los que vienen todos los viernes a despertarte, en cómo vas a curar a quien amas sabiendo que no depende de ti, en cómo vas a ganar más para salir corriendo de donde vives. Y si me apagara, si mi cabeza se detuviera, quizás mi cuerpo no se quejaría como lo hace los últimos días. Y entonces relaciono todo al doble filo de la felicidad que viene de la calma. Tu deseas paz cuando has estado viviendo esta tormenta interna y externa; no pasa antes, de hecho antes si no la has tenido estás en modo aburrido. Luego me doy cuenta que mientras li...