Movimiento uniformemente variado
En algún momento quiero dejar de sobrereaccionar. Tomar un descanso de toda la carga mental, física, emocional... y hasta espiritual. Quiero sentarme, mover la cabeza de abajo a arriba suave, dar giros con el cuello, y no sentir que se rompe mientras eso sucede. Un día alguien me explicó que hay una condición que hace que aunque tu cuerpo quiere quedarse quieto, estable, tu cabeza tiene otro plan, y esta a mil desbordada pensando en cómo vas a detener a los que vienen todos los viernes a despertarte, en cómo vas a curar a quien amas sabiendo que no depende de ti, en cómo vas a ganar más para salir corriendo de donde vives. Y si me apagara, si mi cabeza se detuviera, quizás mi cuerpo no se quejaría como lo hace los últimos días.
Y entonces relaciono todo al doble filo de la felicidad que viene de la calma. Tu deseas paz cuando has estado viviendo esta tormenta interna y externa; no pasa antes, de hecho antes si no la has tenido estás en modo aburrido. Luego me doy cuenta que mientras libero un poco ese caos aquí, mi pierna sigue moviéndose, brincando sin parar. Entonces, es exactamente inversa la condición explicada por aquella persona, el cuerpo se sobresalta, no quiere descanso, pero la cabeza, esa está en modo sedado, solo se queda pensando en un horizonte perdido, en una rendición a lo que claramente no se puede cambiar.
Solamente, en ocasiones como cuando camino en la mañana, logro equilibrar la locura de la cabeza y del cuerpo. Solo cuando mis pasos se sincronizan con mis ojos en el suelo, o en el camino pero sin detallar o sin distracciones. Cuando respiro, y no me agito. Cuando la condición logra ser que para que mi mente esté tranquila, mi caminar debe ir en paso seguro y preciso, o sea ambas en relativa sincronización. Eso es lo más cerca que he estado de dejar el frenesí. Y sí, no contamos el sueño porque aunque sería la forma más pura de dejar de funcionar y lograr calma, ya sabemos que es un engaño, mente y cuerpo siguen activos. Y no nos gustan los engaños, solamente los juegos macabros donde logramos ser felices, cuando nuestra cabeza está en caos, o cuando nuestro cuerpo estalla en inestabilidad. O cuando simplemente, nos apagamos a fuerza en modo depresivo, y solo queremos callarlo todo.
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